NOTAS Vol. 6 (1999) N° 1
Pedro Calderón de la Barca: El mayor monstruo del mundo. Estudio y edición crítica de Angel J. ValbuenaBriones. Newark, Del.: Juan de la Cuesta (Ediciones críticas; 7) 1995. 176 páginas.
El teatro de Calderón constituye, no solamente desde la conmemoración del tercer centenario de la muerte del autor en 1981, un enfoque importante dentro de los estudios sobre la dramaturgia del Siglo de Oro. Entre los numerosos artículos, monografías y ediciones destacan desde hace muchos lustros las investigaciones de Angel Julián Valbuena-Briones sobre varios aspectos de las obras de Calderón. Hay pocos científicos que se dediquen de una manera tan intensa y tan continua a la interpretación de este autor como to hace el investigador que trabaja en la Universidad de Delaware. Ya son clásicos no sólo sus artículos, sino también sus ediciones de las Obras completas calderonianas, publicadas por la reputada editorial Aguilar (Madrid, 1969), y de las excelentes ediciones de La vida es sueño (Madrid: Aguilar 1988) y de El alcalde de Zalamea (Madrid: Cátedra 1992). En virtud de estas actividades científicas y editoriales merece nuestra especial atención la más reciente edición realizada por Valbuena-Briones, presentándonos El mayor monstruo del mundo.
Valbuena-Briones sigue la tradición editorial y empieza su introducción a la obra con una breve vista panorámica de la biografía y de la producción teatral de Calderón (pp. 6-11). Las páginas siguientes prueban que Valbuena-Briones renuncia a un breve análisis que hubiera podido tomar en cuenta las varias dimensiones interpretativas del drama. Prefiere en cambio atraer nuestra atención sobre una visión de la obra todavía no desarrollada por los comentaristas de Calderón, hablando del tratamiento psicológico de los personajes en El mayor monstruo del mundo (pp. 12-21). Por falta de espacio focaliza su interpretación en el protagonista y la esposa. Tras una breve discusión sobre las diversas fuentes de la obra sigue un esbozo de los caracteres de estos dos protagonistas, influido por las teorías de Carl G. Jung. Según Valbuena-Briones, el Tetrarca Herodes, guiado por una obsesión de poder, parece un ser extrovertido, y su esposa Mariene está concebida en cambio como una mujer introvertida. Es la hybris (y no la hubris, p. 14) de Herodes la que causa su caída. E1 Tetrarca y Mariene representan efectivamente, como opina Valbuena-Briones, por su extraversión y su introversión respectivas dos aspectos centrales de la psique humana. Se puede compartir también la opinión del comentador de que el interés especial que excitan Herodes y Mariene resulta de que perfilan to patológico.
Para explicar el arte dramático de Calderón y las acciones de los dos protagonistas, Valbuena-Briones dedica especialmente atención a los símbolos del puñal y del mar, cuyas dimensiones quiere esclarecer mediante una serie de citas sacadas de varios diccionarios de símbolos y mhos. Aunque la intención del comentador de facilitarnos la comprensión de la obra es muy elogiable, estas páginas del estudio parecen poco persuasivas porque reproducen algunas generalidades. ¿Cuál es el valor informativo de enseñarnos mediante algunas citas de la literatura científica, como por ejemplo que el agua oes y ha sido siempre fecundo terra de inspiración para poetas, escritores y artistas» (p. 17)? ¿Vale verdaderamente la pena desarrollar la idea de que el mar es < un símbolo de la inmensidad» (p. 17) y que «la función del cuchillo es la de cortar, dividir, separar, penetrar, irrumpir, rasgar, herir, matar» (p. 18)? No hay duda de que las interpretaciones que Valbuena-Briones atribuye a estos símbolos y las explicaciones de su fimción en el drama son correctas, pero se exponen al reproche de ser a veces seudocientíficas y demasiado extensivas. Así, no es ninguna casualidad que alguno de los enunciados de Valbuena-Briones ya esté citado en el famoso Dictionnaire des idées revues de Gustave Flaubert (véase el artículo: Mer). Probablemente puede ser atribuido al deseo de transponer el planteamiento de un problema muy complejo a un nivel muy general de modo que uno tenga la impresión de que el comentador ha reducido demasiado en su breve introducción sus observaciones sobre la profundidad psíquica de los personajes calderonianos.
El capítulo siguiente trata de la versificación y del estilo de la obra, presentándonos a Calderón como a un maestro no sólo en el use de las formas estróficas, sino también en el de la retórica y del léxico (pp. 22-26). Muy convincentes a informativas parecen las observaciones de Valbuena-Briones sobre las variantes de los manuscritos de la obra (pp. 27-30). La edición del texto time en cuenta estas variantes y facilita así un estudio filológico comparativo. Preceden al texto de la obra algunas ilustraciones y grabados acerca de la tragedia calderoniana así como una bibliografía que selecciona cuidadosamente estudios representativos para el desarrollo de la crítica sobre Calderón -y especialmente El mayor monstruo del mundo-hasta 1993 (pp. 31-36).
La presentación de la comedic combing de una manera muy acertada las indicaciones de las variantes con los comentarios sobre los datos históricos aludidos, los caracteres de los personajes, sus respectivas motivaciones y numerosas observaciones estilísticas. Merecen nuestra atención especialmente las referencias que establece ValbuenaBriones con otras obras de Calderón, con autores contemporáneos y también con la crítica científica. De gran utilidad parece el detalladísimo índice alfabético de materias (pp. 169-176), que gracias a una cuidadosa selección de nombres, temas, títulos, frases y procedimientos estilísticos forma una excelente base para los futuros estudios de El mayor monstruo del mundo. De esta manera, dejando aparte la introducción que en algunas partes no parece muy convincente, la edición del texto no deja nada que desear.